Y otra vez la misma sensación de vacío en el estómago y los ojos que se humedecen en cualquier lugar y sin previo aviso. Lágrimas que te dan las buenas noches. Pequeñas ilusiones que iban tomando forma y que hay que cortar de raíz como a la mala hierba. Tristeza que te inunda y que intentas disimular por todos los medios para evitar preguntas que no quieres responder. Besos y abrazos en stock que tendré que desechar.
De nuevo la misma historia y ya empiezo a perder la cuenta de cuántas van.
Para bien, a pesar de todo, me sigo entusiasmando cuando muestran un poco de interés por mí, aunque sea en raras ocasiones; para mal, que me duele y escuece como si de un primer amor se tratara.
En fin, ya se pasará, siempre se pasa...